La Guerra de las Criaturas

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 La Flor de las Llanuras [William Schcliff, Lucius y... Caeli]

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Lucius
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MensajeTema: La Flor de las Llanuras [William Schcliff, Lucius y... Caeli]   Mar Feb 12, 2013 10:27 pm

FDI: Venimos de aquí.
Editado: Añadido el nombre de Caeli al título del tema. ^^
__________

Aparecimos en medio de las Llanuras Celestes. Acrisea nos sonreía resplandeciente como nunca, ajena al motivo que nos traía hoy aquí.

A pesar de que hubieran transcurrido ya más de siete años desde aquello, en el terreno parecía apreciarse que aquel lugar hubiera sido el escenario de un campo de batalla.

Me encontraba atendiendo a los heridos de la gran batalla en el Campamento Aliado. Estaba comenzando a atardecer. Nadie me había preparado para lo que estaba a punto de suceder...

Sucedió en un solo instante, de repente dejé de sentir su aura...

No era como si la hubiera suprimido para que no la detectaran... No. Estaba demasiado conectado a ella como para afirmar que su aura se hubiese apagado... Los ojos se me ampliaron como platos ante aquella insoportable sensación de vacío...

Me faltó tiempo para desmaterializarme en un destello de luz y reaparecer en el campo de batalla, como si fuera un fantasma, pues esta vez mi presencia pareció no llamar demasiado la atención del enemigo, pues parecían demasiado ocupados en sus batallas particulares.

Le colgaban los pies en el aire... y vomitaba sangre por la boca... Mi hermana había sido empalada por el mismísimo lado oscuro del brujo Salem. Una espada la atravesaba de lado a lado, desde el vientre y de manera ascendente pasando por los pulmones y el corazón, volviendo a salir la hoja al exterior a la altura del hombro.

En ese instante, la proyección del brujo extraía su espada de las entrañas de mi hermana, cuyo cuerpo ya sin vida caía sin remedio contra el suelo, a sus pies. Y luego el brujo se daba media vuelta como si aquello no le importara lo más mínimo y le resultase de lo más insignificante. Me pareció que su mirada se fijase por un instante en la mía, pero fue tan solo una impresión...

Mi corazón se había detenido en aquel instante, pero volvió a latir con violencia al momento en que mi mirada volvía a posarse en el cuerpo de mi hermana.

Como una exhalación, me arrodillé a su vera y la cogí entre mis brazos, llorando lágrimas de impotencia y pérdida.
Exhalé un profundo suspiro, por el que pareció como si expulsara toda la fuerza, tratando de serenarme.

-
Es por aquí -Indiqué con voz queda y suave aunque ligeramente apagada, pues estaba tratando de contener mis emociones. Y comencé a caminar entre los escombros, ahora recubiertos de vegetación.

Mi mirada estaba perdida en la lejanía, falta de la luz que solía llenarla, al no poder evitar que me invadieran los recuerdos de este lugar.

A lo lejos comenzó a vislumbrarse lo que parecía un montículo elevado sobre el llano campo, recubierto de flores de un colorido entre blanco y malva, que parecían haber crecido sobre ella en este tiempo.

En lo que parecía ser la cabecera, como lápida había clavada en el suelo una espada cuya empuñadura estaba forjada en un metal oscuro, con la forma de un dragón. En la hoja brillaba un halo de oscuridad. Una especie de enrredadera de flores de la misma familia que las del resto de la elevación, se encontraban enrroscadas a la espada, adornándola.

Aún entre lágrimas, acababa de terminar de enterrar a mi hermana con mis propias manos, sucias por la sangre reseca mezclada con la tierra. Tenía su Espada de Oscuridad entre mis manos y medio jugueteaba con ella con las manos temblorosas, no sabiendo muy bien lo que hacer con ella.

No podía apartar la mirada del montículo de tierra, que ahora cubría lo que quedaba de mi hermana. A uno de los lados del nicho, yacía extendida la Lanza Eléctrica que antes le había pertenecido.

Tras un fuerte resoplido, agarré la espada por ambos lados del guardamanos y me dirigí con ella hacia la cabecera de la sepultura. Con decisión, la clavé en el suelo, empujando luego la empuñadura a favor de la gravedad, haciendo presión con ambas manos.

-
Descansa en paz, Caeli, hermana mía... La demonio con sangre angelical. Regresa al verdadero Cielo y reúnete con nuestra madre, que ya te estará esperando... -Lancé un beso al aire con la mano, hacia el cielo.

Tras lo cual, rodeé la tumba para recoger la Lanza, reforzando mi mano con mi control elemental, recubriéndola con una capa de hielo para que su poder, según me había contado la propia Caeli en su día, no me dañara. Y me alejé del lugar poniendo rumbo hacia los Desiertos Fríos del Norte...
Me detuve a un par de metros del nicho cubierto de flores, pasando el puño por mis mejillas para secar las lágrimas que traicioneramente habían brotado de mis ojos.

No hacía falta confirmar que nos hallábamos ante la tumba de mi hermana, pero aun así giré el rostro hacia el cazador dirigiéndole una penetrante mirada. Y devolví la vista al frente, juntando las manos a mi espalda de manera relajada, por más que mi cuerpo adoptara una postura firme.

Si se creía que con traerle hasta aquí había terminado conmigo, estaba muy equivocado. No me fiaba ni un pelo de sus intenciones, y quería saber el porqué del interés del cazador por mi hermana.

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Última edición por Lucius el Miér Abr 10, 2013 3:42 pm, editado 5 veces
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William Schcliff
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MensajeTema: Re: La Flor de las Llanuras [William Schcliff, Lucius y... Caeli]   Miér Feb 13, 2013 8:58 pm

El viaje lumínico resintió mi aura oscura como la noche. No estaba acostumbrado a recibir aquellas cantidades de elemento. Sin embargo, no me supuso problema alguno, al fin y al cabo las artes marciales me habían enseñado a resistir cualquier tipo de envite, ya fuera físico o áurico.

En breves instantes aparecimos en lo que parecían las Llanuras celestes. Fue entonces cuando sentí un grave pinchazo en mi estómago. Allí fue donde se libró la batalla definitiva contra Omega y su maldito Profeta. Si lo que Lucius decía era cierto, Caeli estaba allí sepultada...

La expresión del ángel era de todo menos amistosa, al igual que la mía, pero ignoré por completo este punto y me centré en contemplar la improvisada tumba que ante mis ojos se hallaba. Sin devolverle la mirada al médico me acerqué tembloroso a la espada. Clavando la rodilla derecha en el suelo posé mi mano en la negra empuñadura. Fue solo entonces cuando una gigantesca presión se abalanzó sobre mi interior. Aquello no era otra cosa más que el residuo del aura de la princesa demonio, un residuo del pasado, pues su dueña ya no existía para darle poder.

En aquel instante llegó la calma que precede justo a la tempestad. Me incorporé con una tranquilidad inhumana y me arrodillé de nuevo para comenzar a excavar con mis propias manos, apartando delicadamente las flores que sobre la tierra se encontraban. Realmente no pude percibir si Lucius me decía algo, si se acercaba hacia mí para apartarme o incluso si quiera si tras agarrarme yo me zafaba tras propinarle un serio puñetazo en el rostro. Todo eso daba igual.

Poco a poco la velocidad de mi tarea se fue incrementado hasta llegar al punto de un frenesí desquiciante e incontrolable. En algún punto de este arrebato sentí el salado y húmedo calor de las lágrimas derramándose por mis mejillas. Finalmente estaba allí, su cuerpo completamente inerte y apagado. Una horrorosa herida de acero le recorría las entrañas a la única que mujer que realmente había amado. Pese a ello, su rostro seguía intacto e impoluto, pues de algún modo se había conservado.

Con las manos llenas de tierra agarré el cadáver para estrecharlo entre mis brazos. El grito que sonó a continuación resultó ser sobrecogedoramente aterrador y espeluznante. Se podría haber dicho que ninguna criatura de Yggdrasil jamás hubiera sido capaz de emitir tal alarido. Acompañando al gutural eco, una oscura neblina más negra que la pizarra surgida de la nada se tornó en imágenes difusas de cadáveres mutilados y en escenas de grotescas aberraciones. Una estremecedora luz violeta aterciopelada se sumó al tétrico y pavoroso panorama.

- ¡¡¡¡¡¡SHAPINEEEEE!!!!!! - rugí encolerizado con los ojos salidos completamente por las órbitas. Las venas de mi cuello parecían estar a punto de estallar y todos los músculos de mi cuerpo temblaban violentamente de la tensión contenida - ¡¡TE JURO QUE ME LA PAGARÁS, MALDITA PERRA!!

Con una sutileza inusitada deposité a la fallecida Caeli de nuevo en su nicho, para después rellenar el foso de dos simples brazadas y recolocar las flores en su antigua posición. Una maquiavélica sonrisa macabra dibujó su contorno en mis labios y una larga carcajada histérica retumbó por todo el paraje. En ese momento solo podía pensar en una cosa: arrancar de los brazos de la diosa lo que me había sido arrebatado.

En aquellas condiciones mi existencia fue desapareciendo tenuemente, como si mi propia aura me estuviera devorando, hasta desaparecer por completo del lugar.
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Lucius
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MensajeTema: Re: La Flor de las Llanuras [William Schcliff, Lucius y... Caeli]   Jue Feb 28, 2013 9:52 pm

Mi mirada felina no se apartaba del cazador, estaba en guardia aunque permaneciera aparentemente firme en el sitio. La reacción del cazador fue totalmente inesperada... Se acercó con calma hacia la espada y posó su mano en ella con delicadeza, mi aguda visión pudo atisbar lo que estaba comprobando. Su sentido áurico debía de ser tan agudo como el de cualquier otra criatura, pero que lo usara de aquella manera siendo un humano me sorprendió.

A continuación se volvió a levantar para volver a arrodillarse junto al montículo y con las manos comenzó a apartar delicadamente las flores que lo adornaban. En este punto, comencé a mosquearme y separé los brazos. "¿Qué pretende hacer...?" Justo lo que pudiera haberme imaginado que haría, pero que en un primer momento pensé que sería descabellado que lo hiciera y se retractara, lo hizo. Comenzó a excavar con sus propias manos.

- ¡¿Pero qué haces, William?! ¡¿Acaso te has vuelto loco?!

Completamente loco, así lo confirmaba al no recibir respuesta por su parte y por el contrario aumentar el ritmo completamente desquiciado.

- ¡¡¡William!!! -Grité, abalanzándome sobre él desesperado, agarrándole por los brazos desde atrás y tirando hacia mí para apartarle de la tumba.

Pero mis intentos por apartarle de aquella labor no sirvieron de mucho... Podría igualarle en fuerza, pero me di cuenta de que él resistía mucho más, además de no encontrarse en sus cabales.

- ¡William, por favor, no hagas esto! ¡Detente! -Intenté convencerle, desesperado, colocándome esta vez a su lado.

Traté de agarrarle las muñecas para así hacerle parar, y fue entonces cuando vi cómo las lágrimas caían de sus ojos empapando las mangas de su capa. Fue entonces cuando lo comprendí...

Me quedé por un instante paralizado, mis pupilas regresaron a su forma habitual y me dejaba caer abatido sobre mis propias rodillas, mientras la tierra que William continuaba removiendo sin cesar, me salpicaba sin remedio.

Apenas me fijé en lo que sucedía a continuación, estaba en shock, con la mirada perdida, totalmente sobrecogido y derramando lágrimas por los ojos.

Al volver a pestañear, William ya tenía su cadáver entre sus brazos... Apreté los dientes y me puse de nuevo en pie, retrocediendo para dejarle espacio. Su inconfundible cabello dorado pendía de su cabeza oscurecido por la tierra que lo había sepultado... El alarido desquiciado que gritó al aire apenas me impresionó, no podía dejar de llorar. ¿De verdad existía alguien en Yggdrasil que la amara con tanta pasión? Al parecer, así era, y estaba feliz de haberlo descubierto.

El cazador, tras llorarla como era debido la volvió a depositar en el interior del nicho, volviendo a enterrarla y a colocar de nuevo las flores sobre ella. Yo todavía estaba en shock, y no fue hasta que el cazador hubo desaparecido que me percaté de su arrebato de locura final.

Miré a mi alrededor instintivamente, me había quedado solo. Me volví a secar las lágrimas pasándome el puño por los ojos y me dejé caer de rodillas junto a la tumba.

- No me habías hablado de él, pequeñaja... -Dije emocionado, posando mi mano izquierda sobre las flores, imaginando que la acariciaba a ella-. Siempre tan temeraria... -Reí, entre lágrimas de emoción-. ¿Así que el antiguo Líder de los Cazadores del Bien, eh? Quién me lo iba a decir a mí...

Sonreí con cariño, por un instante nostálgico.

- Ojalá me lo hubieras presentado... -Aparté la mano como conteniendo el aliento, y me incorporé-. Me hubiese gustado conocerle...

Con estas últimas palabras, me di la vuelta, ahora sintiéndome mucho más desahogado, como si me hubiera quitado un gran peso de encima. Y comencé a alejarme del lugar, hasta desaparecer de la vista, recordando cada uno de los momentos que pasé junto a ella.

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MensajeTema: Re: La Flor de las Llanuras [William Schcliff, Lucius y... Caeli]   Mar Abr 09, 2013 5:17 pm

OFF: Vengo de aquí
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Había sido un largo y duro viaje, y desde luego yo no estaba en las mejores condiciones para realizarlo. Me encontraba exhausto y malherido, aunque los cortes repartidos por mi cuerpo habían empezado a cicatrizar con rapidez, en parte por mi gran resistencia y en parte por el hipérico que llevaba encima.

Pese a ello, finalmente llegué al lugar donde había dado comienzo toda mi odisea. La tumba de Caeli. La nostalgia volvió a atenazarme, pero sabía que si Saphine no me había engañado, pronto la diablesa recuperaría la vida...

De este modo me acerqué un tanto meditabundo hacia el montículo de tierra sobre el que descansaba la espada de oscuridad y comencé a espachurrar el corazón de la vampiresa sacrificada para verter sobre la tumba la sangre primigenia. Hasta ahí había llegado mi trabajo, ahora solo quedaba esperar a que aquel rito surtiera efecto...
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MensajeTema: Re: La Flor de las Llanuras [William Schcliff, Lucius y... Caeli]   Mar Abr 09, 2013 10:43 pm

De repente, la zona a tu alrededor enmudeció. No había sonido del viento. No había sonido de aves nocturnas, ni siquiera del movimiento de las alimañas. Las hojas de los árboles se quedaron inmóviles. Es como si todo el paisaje alrededor de la tumba de Caeli et Terra hubiera quedado apartado del resto, y el tiempo se hubiera detenido, muerto. Era de noche, y la Luna llena brillaba con gran intensidad en el despejado cielo, junto a su gran séquito de estrellas que, diminutas, parecían estar a su alrededor aterradas por brillar más que su ama la Luna.

El sol empezaba a salir por el horizonte. Estaba amaneciendo, dando la luz del nuevo día. Y ya cuando el gigantesco astro había salido por completo, mostrándose en su cálido tono anaranjado, su movimiento se detuvo, y con mucha mayor velocidad con la que salió, volvió a ocultarse en el horizonte. En la luna empezó a dibujarse una espiral oscura de 7 brazos, que bloqueaba el paso del brillo Lunar a Yggdrassil con sus largos brazos ansiosos por tragarse toda la luz que hubiera a su alrededor.

La espiral fue creciendo de tamaño, hasta ofuscar totalmente la silueta de la Luna, y su resplandor, mientras que el brillo de las estrellas empezó a atenuarse, hasta hacerse tan tímido que apenas se podía vislumbrar, lo suficiente como para que allá en la tumba de Caeli pudiera verse siquiera el tenue halo oscuro de la espada, pero muy tenuemente.

De aquel remolino que parecía querer tragárselo todo, emergió una figura femenina, de largos cabellos oscuros, piel nívea y blanca, y ojos ligeramente rasgados. Vestía un largo vestido negro como la noche, de larga cola, que colgaba y tapaba sus piernas y su cuerpo entero, de tirantes y la envolvía un denso halo violáceo que iluminaba a su alrededor. Esta figura femenina descendió de la Luna, y se posó en la tierra, donde se podía observar que era una figura femenina proporcionada, pero increíblemente alta, mucho más que William.

Cruzada de brazos, escrutaba con su dura mirada a William, altiva, con mirada desconfiada. Su mirada amedrentaba, pues sus ojos una vez pudieron ser vistos, se vieron que eran también violáceos, intensos, y con la mirada penetrante. Asustaba su presencia, y su aura, inmensamente grande, era densa, visible, muy poderosa, tanto que te envolvía por completo la tuya, como si ni siquiera existiera.

El nicho de Caeli empezó a brillar en tono violáceo en cuanto la mujer dirigió su brazo hacia la lápida con un gesto rápido, sin dejar de mirarte con una sonrisa retorcida. Su aura empezaba a despertar, de forma tenue, apagada, y además estaba ofuscada por la gigantesca aura de la mujer.

Mientras el hechizo iba surtiendo efecto, la mujer abrió los labios y dejó escapar unas palabras con tono, si bien era agudo, muy cercano a un tono grave, imponente, y sobre todo, fuerte.

William, como siervo mío has sido fiel, y te concedo el pago por mi divino encargo.

La tierra del nicho se apartó a un lado, y el cuerpo de Caeli ascendió en el aire, y quedó depositado en la hierba inmóvil, mientras empezaba a iluminarse su aura, incluso haciéndose tenuemente visible. Su tono negro volvía, y su piel volvía a recuperar un color cálido y vivo. Empezaba a emitir calor por su piel de nuevo, y sus pulmones se hincharon despacio, tanto que apenas se discernía. La mujer, Saphine, se acercó a ti, y se cruzó de brazos, mirándote con una sonrisita de sorna

Me has servido bien... Sin embargo, te recomiendo no cometer los mismos errores que Katerina... O podrías ser el próximo al que mande ser cazado, y te mandaré al mundo de los muertos junto con tu amiga...

Su aura terminó de alimentar el aura de Caeli finalmente, y la Diosa ascendió en el cielo, hacia el torbellino negro gigante.

¡Adiós, William Schcliff!¡No te dejes cazar!¡Jajajajaja!

Sus risas se hicieron eco en aquel "entorno cerrado" por su acción, mientras la Diosa volvió al torbellino oscuro, deshaciéndose su cuerpo en éste hasta que se fundió por completo. El torbellino empezó a menguar de tamaño, hasta desaparecer en el brillo de la Luna, y el sol volvió a aparecer tan rápido como desapareció, en su sitio correspondiente a la hora, dejando que sus tímidos rayos de sol dieran de lleno en el rostro de Caeli y en el derrotado y cansado William

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MensajeTema: Re: La Flor de las Llanuras [William Schcliff, Lucius y... Caeli]   Miér Abr 10, 2013 5:14 pm

Había pasado mucho tiempo, no sabía cuánto, y aunque no estaba segura de si agradecer por esta nueva oportunidad a la diosa, tendría que vivir esta nueva vida con ello. Había descubierto que mi madre no había pasado al otro lado y por el contrario había regresado a Yggdrasil. "Calei..." Su recuerdo invadió mis pensamientos con su resplandeciente aura luminosa. Debía hacérselo saber, merecía saberlo, pues al fin y al cabo también se trataba de su madre.

Abrí los ojos lentamente y con pesadez. Sentía cómo el aire entraba y salía de mis pulmones, pero pesaba mucho y me costaba mantener el ritmo. Poco a poco, la imagen de William se fue enfocando delante de mis ojos. Quise sonreír, decirle algo, pero aquel nudo que comenzó a presionar mi pecho me lo impidió e hizo que mi respiración se volviera algo más dificultosa por la ansiedad, derramando inevitablemente lágrimas por la comisura de mis rasgados ojos diamantinos. Estaba sucio y cubierto de sangre, pero aun así le tomé la mano y traté de alzar la otra hacia su rostro. No sin temblar y con una cierta dificultad, logré al fin alcanzarlo y depositar una caricia suave, dedicándole una mirada cargada de ternura.

Pero eso fue todo lo que mis fuerzas me permitieron en aquel instante, pues mi mano cayó de nuevo sobre mi vientre, resbalando por el costado hacia el suelo. Y mis ojos volvieron a cerrarse, aunque mi pecho continuara hinchándose y deshinchándose de manera casi imperceptible.
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William Schcliff
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MensajeTema: Re: La Flor de las Llanuras [William Schcliff, Lucius y... Caeli]   Jue Abr 11, 2013 11:33 pm

Todo ocurrió demasiado rápido, y antes de que me diera cuenta la diosa se apareció ante mí, dirigiéndome aquellas siniestras palabras. No pude evitar sonreír a su último consejo, pues resultaba realmente irónico...

Sin embargo, justo después de aquello apareció, abrió los ojos y se desentumeció. Rápido fui a recogerla entre mis brazos, para sentir su caricia antes de que desfalleciera.

- Ya pasó todo princesa... - susurré en su oído, pese a que seguramente no me escuchara.

Acto seguido Sebastian se acercó a los dos. El león en primer lugar lamió cariñosamente la mano de la diablesa. Era su saludo después de tanto tiempo. Después agachó su lomo de modo que ambos pudiéramos montar. Coloqué con cuidado el cuerpo de Caeli sobre mi mascota y a continuación me dispuse a cabalgarle. En realidad no era necesario darle ningún tipo de orden, pues él ya sabía hacia dónde nos dirigíamos. Nuestro destino era el Infierno.

OFF: Nos vamos aquí.
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