La Guerra de las Criaturas

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 La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]

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William Schcliff
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MensajeTema: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Mar Feb 26, 2013 7:22 pm

Durante años había servido con fidelidad a la diosa de los muertos. En su sabiduría me había refugiado y de esta fe nacía parte de mi carácter asesino. Pero aquello había dado un giro totalmente inesperado al enterarme del fallecimiento de Caeli et Terra, la única mujer de todo Yggdrasil que realmente había amado.

La venganza se cobraría pronto.

Tras descubrir su cadáver había regresado con presteza al Bastión, donde me reuní con Sebastian de nuevo. Una vez allí sin dilación me dirigí al único lugar donde podía encontrar a la verdadera culpable... la mismísima Saphine. El viaje se hizo demasiado largo, pero tras cruzar el océano de nuevo pronto llegamos a la costa oeste de Vaahl, en los desiertos del sur.

No era la primera vez que visitaba el lugar. Debido a la cercanía de estos parajes con la antigua aldea de los Cazadores del Bien en más de una ocasión me había acercado al templo al que me dirigía... Dicho templo no era más que un gigantesco mausoleo en lo más recóndito del desierto. Allí, muchos sacerdotes trastocados y enloquecidos por el ambiente enrarecido realizaban sus ritos rodeados de tumbas y de putrefacción.

La noche había caído cuando por fin alcancé el lugar. El gélido frío nocturno del paraje hendía mi piel, aunque aquello no me detendría en absoluto. Las verjas oxidadas del cementerio se alzaban amenazantes cual espectro acechador y tras ellas decenas de lápidas formaban un serpenteante y tétrico camino hacia la puerta de la mayor edificación. En ese punto aumenté mi aura hasta el nivel habitual, a lo que Sebastian se unió. Desenfundé mi guadaña negra cuyo acero ululaba silbante y me introduje en el recinto.

Las puertas rechinaron estruendosamente al abrirlas y el ruido alertó a los acólitos allí reunidos. Uno de ellos se acercó presuntuosamente, embutido en una larga túnica que ocultaba por completo su deforme cuerpo.

- Parece ser que tenemos un viejo invitado... - susurró el hombre taciturnamente - Hacía mucho tiempo que no os veíamos, William Schcliff - una sonrisa grotesca se le intuía bajo la capa, aunque no se pudiera observar.

No era necesario que dijera nada. De hecho, no era necesario que se hubiera presentado aquel sacerdote a recibirme. Lo único que recibió por mi parte fue el dulce regalo de la parca. Poco a poco la gema de mi frente fue adquiriendo un tono violáceo, tenue, pero visible. El arma que portaba en ambas manos cayó sobre su cuello, sentenciando la vida del clérigo al calvario del purgatorio. La sangre comenzó a brotar como un torrente de su cabeza cercenada de cuajo, empapando la tierra seca, el pelaje de Sebastian y mi propia piel. Tomé el bulto envuelto en ropajes que rodaba por el camino y contemplé durante un instante la mueca de sorpresa y terror absoluto que se había quedado marcada en éste.

El resto fue el desenlace. Algunos de los acólitos huyeron despavoridos ante semejante atrocidad, otros, portando alguna que otra arma de mala calidad se abalanzaron sobre ambos para darnos fin. El esperpento de las vísceras arrancadas por el filo, las entrañas extraídas por los colmillos de la bestia que me acompañaba y los órganos extirpados por mis propias manos hacía de aquella una noche encantadora para precipitar la caída de una orden semejante. La luz procedente de mi frente se henchía con cada alma arrebatada. Pronto dio paso al tono carmesí, propio del frenesí que me inundaba en aquellas situaciones. Un aura densa, más oscura que la noche se arremolinaba a mi alrededor.

Sin detenerme demasiado en completar la macabra tarea me fui acercando al propio templo. De una fuerte patada áurica, ésta cedió para dejarme vía libre hasta el altar. Una portentosa figura representativa de la deidad se erigía majestuosamente en lo más alto del lugar. Un techo abovedado al más puro estilo post-gótico ejercía una especie de fuerza mística que hacía sentir insignificante hasta al más vanidoso.

Pero no había venido para eso. La furia que me cegaba me impedía sentirme así.

- ¡¡SAPHINEEEEE!! - bramé encolerizado. El espectáculo de la luz carmesí envuelta en el aura densa daba un aspecto aún más tétrico al santuario - MALDITA PERRA, VENGO PARA RECUPERAR LO QUE ME HAS ARREBATADO. ¿ME HAS OÍDO? - el reguero de sangre que había tras de mí daba cuenta de que nada bueno se había fraguado fuera. Golpeé el suelo rabiosamente con la parte trasera de la guadaña, al mismo tiempo que Sebastian emitía un rugido ensordecedor.

Todo parecía indicar que la diosa no se dignaría en aparecer. No supe muy bien el porqué, quizá las numerosas muertes que había producido recientemente, quizá el vocerío posterior, o quizá que simplemente había llamado su atención. En cualquier caso, lo que si fue cierto era que una mujer de belleza sobrenatural, ataviada totalmente de negro y portadora de una guadaña del mismo color se mostró ante mí. Sus ojos, al igual que su cabello, parecían absorber toda luz que incidía sobre ellos. Una sonrisa divertida, a la vez que maquiavélica y misteriosa dejaba entrever una cierta diversión. Su voz, suave y áspera al mismo tiempo se mostraba indiferente en todos los aspectos.

- Eres tú aquel que osa profanarme, humano estúpido. Veo que has acabado con gran parte de mis más fieles siervos, y pretendes exigirme que te devuelva a tu amada... - En ningún momento había nombrado a la diablesa, pero al fin y al cabo, era una diosa la que hablaba - Soy la diosa de la muerte, del fin. ¡Saphine! Y tú, insolente, me pides que regrese de entre los caídos a una mujer.

Ante estas palabras no pude evitar soltar una risita estrambótica a la vez que espeluznante. Al menos había conseguido que se presentara, lo cual ya era un punto a mi favor.

- He de reconocer que siempre has sido un devoto ferviente en tu deber de dar caza por doquier, pero eso no te convierte en mi favorito... William Schchliff... - prosiguió la diosa, esta vez modulando su voz hasta un tono mucho más sobrenatural e inquietante - Muchos y más antiguos que tú siguieron mis indicaciones en absoluto dogma. A ellos les premio por su trabajo...

La tensión del ambiente se incrementaba por momentos, así como la crispación que sentía, acompañada de las alucinaciones que mi aura mostraba.

- Sin embargo, existe una posibilidad de que te proporcione lo que has venido a buscar... - pronunció de nuevo Saphine - Una de mis chiquillas se ha desviado del rumbo, una de las más antiguas y poderosas, y ello merece un castigo ejemplar - en este punto se detuvo un segundo. En un instante su rostro acariciaba el mío y me susurraba seductora aunque amenazadoramente. No había percibido en qué momento se había situado tan cerca -. Su nombre es Katerina Vandzant, una vampiresa primigenia.

Aquel nombre ya lo había escuchado en una ocasión. Si no recordaba mal se trataba de aquella mujer entrometido que había conocido en el Bosque de Cristal junto a Aspicious.

- Tu misión ahora, Cazador, es acabar con su existencia como lo has hecho con tantas otras... Solamente te pido eso, y entonces podrás volver a ver a la diablesa. Por supuesto... Necesitarás su sangre. Eso es todo...

Saphine fue desapareciendo como un halo mientras una risa psicótica de mujer retumbaba por todo el templo. Finalmente había encontrado una manera de resucitarla. Una gigantesca sonrisa neurótica de lunático perturbado apareció en mi rostro.

- Y así será... - pronuncié toscamente en un susurro apenas perceptible.
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Katerina
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Miér Feb 27, 2013 12:53 am

En cuanto la noche hubo caído me aparecí en las cercanías del templo.
Por suerte para mí, en el desierto por la noche refrescaba... aunque la arena aun emanara algo de calor porque justo acabara de anochecer.
Hacía mucho que no la visitaba y estaba segura de que me habría extrañado...
Antaño, la visitaba cada noche, después de haber terminado mi cacería para rendirle el tributo que se merecía... Pero últimamente estaba demasiado ocupada, con el viaje a Lineris en busca de respuestas y la época en la que casi cada noche, salía de juerga con la pequeña Lucía o el propio Dean, y había dejado de venir a visitarla...
Ya era hora de volver a hacerlo.
No me hizo falta pisar el suelo del templo para darme cuenta de que algo había sucedido... el ambiente estaba viciado... y el aire cargado de un intenso olor a sangre... Mis colmillos salieron a la luz al tiempo que me detenía agudizando mis sentidos. No me hizo falta reducir mi aura para percibir la de aquel cazador que había conocido al salir de las ruinas del Bosque de Cristal que había ido a explorar no hace mucho con el rey de los demonios Aspicious.
“¿Qué hará aquí?” Aunque en este momento me preocupaba más el porqué del olor a sangre tan intenso...
Dadas las circunstancias, un vampiro más joven habría visto nublado su juicio con el frenesí, pero yo había aprendido hace mucho tiempo a sobreponerme a él. Mi autocontrol era tan notable, que hasta podía jugar con la sangre y no entrar en frenesí.
Pero mi intuición me decía que tuviese cuidado... por lo que, oculté mis colmillos y me adentré con cautela por el sendero entre las lápidas. Había venido a ver a Saphine, a honrarla, y si el cazador no había venido a hacer lo mismo, se las vería conmigo por mancillar su bello templo.
Una vez en la entrada, pude por fin ver el reguero de sangre surgido de la hilera cadáveres que teñían de rojo carmesí el sendero marcado a lo largo la sala hacia los pies de la estatua de la diosa... donde pude distinguir la inconfundible silueta del cazador envuelto en una densa aura oscura y acompañado por su mascota.
En otras circunstancias, me hubiera bañado en la sangre, pero es que se trataba de los propios sacerdotes de Saphine... ¿Acaso debía preocuparme?
William Schcliff...La magnífica acústica de la sala amplificó mi voz con la gravedad y siniestralidad que requería para la ocasión–. ¿Qué significa esta carnicería?
Fruncí la expresión pausada y misteriosamente, mientras agarraba la vaina de Kuroichi con la zurda y apoyaba la diestra en la empuñadura.
Cualquiera diría que fueras novel en esto... Chisté, divertida–. Si has venido a honrar a Saphine... podrías haberle traído una presa mucho más suculenta... –Esbocé una sonrisa torcida, cada vez más cómplice–. Estos perros no son suficientes para ella...
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William Schcliff
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Lun Mar 04, 2013 9:30 pm

Aquello parecía estar escrito por los dioses. Era demasiada casualidad que fuera cierto, pero mis sentidos no mentían, más aún cuando su lasciva voz sonó a mis espaldas. Algún tipo de juego divino estaba sucediéndose, y nosotros éramos los protagonistas del mismo... La verdadera carnicería por fin iba a dar comienzo...

Aún sin tornarme respondí a la vampiresa que se había presentado en el lugar, aparentemente algo sorprendida por el grotesco escenario.

- Éstas no son las presas de Saphine... - pronuncié entre una media risotada histérica, a la vez que todo mi cuerpo convulsionaba violentamente por la emoción producida por la batalla y por mi buena suerte - ¡El auténtico sacrificio hoy eres TÚ!

El frenesí se apoderó del templo en un instante. La macabra danza iba a dar comienzo, así lo mostraba la densa aura negra y la potente y cegadora luz carmesí que emanaba de la gema de mi frente. En un parpadeo me giré bruscamente y de un impulso con la pierna derecha me lancé cual perro de caza hacia la mujer. Con la guadaña asida por las dos manos lancé mi primer frenético tajo vertical dirigido al mismísimo corazón. Por otro lado, Sebastian se colocaba en el flanco opuesto a la mano del arma, preparado para acometer en cualquier momento.

- ¡DAME EL PLACER DE UNA BUENA BATALLA, KATERINA VANDZANT! - bramé extasiado por el momento de adrenalina.
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Mar Mar 05, 2013 3:22 am

“¡¿Yo?!” Mi expresión cómplice desapareció y mis pupilas se dilataron al momento de apuntarme verbalmente a mí.
Rápidamente desenvainé a Kuroichi y me hice un corte en la muñeca en lo que el cazador embestía hacia mí. Y como si se tratara de una danza, realicé un giro sobre mí misma –estirando la mano del corte hacia fuera, pareciendo como si dibujara en el aire– a tiempo de salpicarle la sangre en la cara a su mascota –eso la mantendría entretenida– y volverla a posar limpiamente sobre la empuñadura, a tiempo de interponer mi katana –imprimiendo la fuerza del giro– de manera totalmente horizontal y completamente perpendicular a la hoja de su guadaña para contrarrestarlo.
El choque de los metales hizo rugir las hojas de nuestras armas.
Ante su bramido mis ojos se inyectaron y mis colmillos comenzaron a crecer.
Concédeme tú ese honor, William Schcliff, y tal vez te deje vivir...Respondí en un susurro, frente por frente, sintiendo su aliento prácticamente sobre mí.
Ya no había travesura en mi voz ni en mi gesto... Su última petición, cual bramido, lo había conseguido... Así lo había querido Él... Pues había logrado despertar mi lado más psicópata, que llevaba dormido desde hacía un buen tiempo. Y desde luego gozaría del espectáculo que reclamaba... si es que llegaba a resistir lo suficiente como para disfrutarlo.
Se dibujó una sonrisa torcida y un tanto siniestra en la comisura de mis labios, tras lo que, sin previo aviso imprimí un rodillazo en todas sus partes más íntimas para hacerle retroceder. Estaba demasiado cerca para haberlo previsto o siquiera esquivarlo...
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William Schcliff
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Jue Mar 07, 2013 7:19 pm

La locura de la pelea por fin se había desencadenado. Todos mis sentidos y todos los músculos de mi cuerpo estaban completamente preparados para responder a la más mínima actividad que se produjera. Sebastian rugió enfurecido al ser salpicado con la sangre. Ambos ya nos habíamos enfrentado con vampiros y sabíamos de lo que eran capaces, por lo que se sacudió enérgicamente el líquido nada más sentirlo, dejando una tenue mancha rojiza en su melena.

Y esperó, esperó el momento preciso para que, sin que yo dijera nada, se abalanzara con violencia hacia la mujer.

Justo antes de aquello, al chocar nuestros aceros, mis reflejos marciales me permitieron entrecruzar con rapidez mi muslo derecho sobre el izquierdo, atrapando de este modo durante un instante la pierna de la vampiresa a escasos centímetros de la parte que recibía el golpe. En ese preciso momento una esperpéntica y psicopática mueca burlona apareció en mis labios y sin ningún tipo de dilación mi testa se aproximó con celeridad a la frente de mi enemiga, propinando un potente cabezazo áurico conocido como Atama-tsuki áurico.

Fue entonces cuando la furia del león propició su arremetida afilada contra la única pierna que Katerina posaba en el suelo, con la principal intención de derribarla.
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Mar Mar 12, 2013 11:35 pm

Lo cierto era, que la sangre no había sido salpicada por casualidad en la cara del león, y ya había comenzado a avanzar, arraigándose a su pelaje al momento del impacto. Tras lo que se adentró entre su melena y se abrió paso hacia sus ojos y oídos...

En cuanto al cazador, no pude evitar soltar una risotada psicópata al recibir el fuerte cabezazo en la cabeza... Me había abierto una brecha, sí, pero yo no podía dejar de reír enloquecida, pues me fascinaban las maneras del cazador... Éramos iguales en ese sentido... Además, mi sangre, al brotar de la frente, y con el contacto momentáneo se había adherido a su piel... y no tardaría en completar el recorrido como había hecho con su mascota...
Él, a pesar de todo, era mucho más fuerte que yo –y aun con todo, debía seguir manteniéndole a raya para que su guadaña no me atravesase–, por lo que el forcejeo no tendría sentido... debía propiciar una maniobra que le obligara a soltarme la pierna...
Me abalancé entonces con los colmillos a flor de piel a desgarrar la yugular de William sin piedad... no con la intención de matarle, pero sí robarle un poco de sangre en una herida mortal para un humano y de paso propiciar que me soltara la pierna.

Todo estaba calculado, ahora la sangre que había salpicado al león, debía penetrar a su cabeza cuales agujas y clavarse en ella a través de sus ojos y oídos... a tiempo de hacerle frenar su acometida, haciéndole retorcerse de dolor.
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William Schcliff
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Jue Mar 14, 2013 12:16 am

El frenesí cada vez aumentaba más y más. La luz de mi gema refulgía salvajemente, inundando todo con el brillo carmesí de la muerte. Mi aura de pronto sufrió una explosión de poder. Finalmente había llegado a su clímax, al máximo que podía emitir. Mi pelo gris se tornó completamente negro, hacía mucho tiempo que no liberaba todo mi poder. Imágenes horrendas se arremolinaban ante nosotros, augurando mi furia y mi rabia.

Realmente estaba disfrutando el combate, y no acababa más que empezar... La vampiresa estaba mostrando sus cartas, y Sebastian fue el primero que se dio cuenta de ello. El dolor que le produjo la herida interna hizo que parara en seco, aullando de dolor. Sin embargo... eso no le detendría, no al menos eternamente.

Por otro lado, pronto sentí la sangre salpicada de la mujer por mi cuerpo. Aquello no era bueno, pero sin duda alguna le daría una mayor emoción al combate. Entonces percibí cuales eran las intenciones de Katerina, y justo cuando me mordió una risa atronadoramente espeluznante retumbó por todo el templo.

- ¡GRAVE ERROR, SEÑORITA VANDZANT! - troné desquiciadamente, pues el dolor no me impediría realizar mi maniobra.

Acto seguido desprendí mi mano derecha de la guadaña para realizar una compleja llave. Con mi izquierda realicé un giro con el mango del arma de modo que aprisionara e hiriera la muñeca de la vampiresa. Por otro lado, con la diestra introduje violentamente, entre carcajadas psicóticas, los dedos en los ojos de mi rival. Enérgicamente ejecuté un volteo, tirando al suelo bruscamente a la mujer, aprovechando los agarres que había realizado. Al mismo tiempo solté su rodilla para pisarla directamente con el pie, dada la situación de la misma al ser girada.

Un charco profundo de sangre se formó justo a mi lado, producido por la cantidad que emanaba de la herida de mi cuello. Sin embargo, parecía que no importaba, pues la vampiresa se encontraba en una situación crítica, con pocas opciones de movilidad.
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Dom Mar 17, 2013 9:09 pm

La sangre de su cuello brotaba a borbotones... y la que antes le había salpicado a su frente de la brecha de mi cabeza, se deslizaba silenciosamente hacia su entrecejo... Tan sólo unas gotas de la sangre del cazador me bastaron para que la brecha de mi frente comenzara a cicatrizar, cerrándose la herida como si nada hubiera sucedido... Tras soltar un grito desquiciado, mientras le desangraba, el cazador se las apañó para –de algún modo que no pude ver debido a encontrarme enganchada a su yugular–, golpearme con el mango de su guadaña en la muñeca...
Todo esto sucedió en apenas un instante, solté su cuello a tiempo de ver la hoja de mi katana pasar a cámara lenta por delante de mis ojos y siendo lanzada lejos de mi mano...
Gruñí a la par que la sentía rugir –tiñendo mis ojos en sangre y mostrándole amenazadoramente los colmillos–, aunque yo le gruñera al cazador por su gesto, pero entonces me clavó los dedos en los ojos, tirando de mí en un volteo que terminó por empujarme hacia el suelo, de manera que caímos los dos, yo de espaldas y él sobre mí sujetándome las muñecas... y la rodilla que antes me aprisionaba fue liberada para ser ahora pisoteada violentamente en el suelo...
Entonces, aquel hilo de mi sangre que se había deslizado hacia su entrecejo, se compactó en una pequeña bola de sangre que terminó por explotarle en la cara...
La confusión le hizo aflojar las manos, y de una patada pude apartarle por fin... tras lo que rodé por el suelo en dirección contraria, mimetizándome a sus ojos... Y de un salto me levanté del suelo, limpiándome en un rápido gesto y con el puño la sangre que aún quedaba del cazador en mi ropa, me la llevé a la lengua y –mimetizada– eché a correr por la sala, para que al cazador le fuera mucho más difícil detectarme...
Todavía me restaba la energía equivalente a un maestro, pues el muy maldito me había dañado directamente el aura con sus golpes...

[OFF He indicado la reacción de Will con su consentimiento, ya que ya hemos acordado cómo transcurrirá todo el resto del tema. Wink ]
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William Schcliff
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Sáb Mar 23, 2013 3:15 pm

Tras realizar la compleja llave, la vampiresa se las arregló para distraer mi atención durante un instante con una pequeña explosión de sangre en mi rostro. Era evidente que realizaría una maniobra así, pero igualmente no pude evitar reducir ligeramente la fuerza de la presa, lo suficiente como para que la mujer se escabullera...

De pronto se mimetizó, por lo que la perdí momentáneamente de vista, pero pese a ello aún podía sentirla, pues su poder no era el suficiente como para engañarme por completo. En ese preciso instante Sebastian recobró la compostura y lanzó una nueva acometida que detuvo en cuanto dejó de percibir la presencia de Katerina.

Una risa absolutamente desquiciada brotó de mis labios torcidos por la mueca descompesta del placer de la pelea.

- Kateriiinaaa... - comencé a pronunciar psicóticamente, como el cazador que juega con su presa - Aunque corras no escaparás... Puedo verteee... AhahahaHAHAhaHAHA - reí entre esperpénticas combulsiones, al percibir cómo corría de una lado a otro, pues aunque no atinaba a detectar su figura, sí que era capaz de ver una especie de sombra moviéndose a una velocidad vertiginosa.

Sin dejar de reír me fui acercando erráticamente hacia la katana y la tomé con la mano derecha. Por lo pronto la vampiresa se había quedado sin su arma...
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Katerina
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Dom Mar 24, 2013 1:52 pm

Corría en zigzag utilizando mi velocidad de princesa para que al cazador, aun siendo de nivel rey, le fuese bastante difícil detectarme estando mimetizada. Con el mimetismo podía tener el aura al máximo y que ésta pasara desapercibida, era una gran ventaja... Y en el caso de su mascota, parecía que había logrado despistarle completamente... “Una molestia menos, jejeje...”
Seguí corriendo de ese modo hasta que estuve segura de haber despistado también al cazador, tras lo que en una rápida maniobra me detuve y con mis propios colmillos me abrí las venas en un desgarro que prácticamente me abrió todo el brazo en canal... un caudaloso reguero de sangre brotó de la herida y rápidamente se solidificó –en el propio aire, mucho antes de si quiera haberle afectado la fuerza de la gravedad y que por su propio peso cayera al suelo– transformándose en una gran cuchilla de guillotina que horizontalmente fue lanzada hacia el cuello del cazador...
Si hubiese dibujado un mapa de situación, y teniendo en cuenta que el cazador se hallaba prácticamente en la posición en la que yo había iniciado el combate –en la zona ligeramente elevada que había a la entrada, justo antes de los dos escalones descendentes tras los que comenzaba el rastro de cadáveres– y yo en el lateral izquierdo, sobre la continuación lateral de la elevación de la entrada –que de manera rectangular y alargada hacia el altar de la diosa, se dibujaba en la base del interior del templo–...
Me había desmimetizado un instante, lo justo para poder transformar la sangre y lanzársela... Pero luego volví a mimetizarme, esta vez mostrando mis tétricas alas de murciélago... Y me elevé hacia el techo a una velocidad vertiginosa, como si hubiera pegado un salto colosal, pegando un mortal en el aire para cambiar la trayectoria y caer en picado sobre el cazador al momento de sobrepasarle la hoja de guillotina creada con mi propia sangre...
Pues, aunque no lo pareciera, aquello no había sido más que una distracción... Ya le había calado y era quizá de los rivales cuya habilidad de combate no se debía tomar a la ligera... Si mis cálculos no fallaban, estaba convencida de que lograría esquivarla de algún modo... Aunque, bien podría equivocarme, y este gran salto mortal me serviría para rematarle en cualquier caso...
Todo estaba calculado... pues caería sobre él con mis garras vampíricas en el preciso instante de que sobrepasara la hoja de guillotina...
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Dom Mar 24, 2013 3:05 pm

La vampiresa seguía corriendo, al parecer aún no se había percatado de que sus intentos rallaban ya lo desesperado... Como cazador, mi especialidad no era la detección de las presas, ese arte lo habían desarrollado otros de mi estirpe. Sin embargo, mi condición de general permitía que mi percepción estuviera sobrenaturalmente desarrollada. Por ello cerré los ojos para concentrarme lo máximo posible en descubrir qué iba a hacer la mujer.

Sebastian se colocó justo a mi lado, expectante para atacar en cuanto tuviera una mínima señal de dónde se encontraba Katerina. Sin apartar la sonrisa extasiada de la caza de mi rostro, pronto sentí que en su aura cuidadosamente ocultada y que no revelaba gran cosa, se había producido un cambio sutil. Apenas perceptible, pero lo suficiente como para que me diera la pista, ese cambio hizo que abriera los ojos y la viera lanzándome una cuchilla de sangre para después alzarse sobre sus alas.

Sin duda alguna ese fue su mayor error. Instantáneamente y con unos reflejos debidos a la absoluta concentración en la que me encontraba, realicé una especie de pirueta por la que logré echar mi cuerpo hacia atrás, manteniendo los pies en el mismo lugar. De este modo conseguí esquivar la cuchilla asesina que se dirigía hacia mi cuello, que pasó de largo. En ese preciso instante solté una risotada cargada de confianza en el triunfo, pues como había previsto, la vampiresa se lanzaba hacia mí desde las alturas, y su sombra cayendo era inconfundible...

No dudé por un momento, y con la katana en mano, alargué violentamente y con rectitud el brazo, de modo que el propio ímpetu de la mujer la ensartó de lleno en su propia arma. La espada atravesó el esternón, dejando escapar una considerable cantidad de sangre. Acto seguido, lancé con furia la empuñadura y con ella el cuerpo de la víctima por los aires, dejándolo caer duramente sobre el suelo a unos pocos metros de mi posición.

Posiblemente ese ataque fuera su fin, pues para el resto del combate ya pocas fuerzas le quedarían a la presa, y lo cierto era que yo comenzaba a sentir los efectos de la fatiga, pues había perdido bastante sangre y había utilizado ya varias técnicas poderosas.
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Katerina
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Lun Mar 25, 2013 4:02 pm

Una bocanada de aire contenido precedió al gemido extasiado de Kuroichi al regocijarse en mi propia sangre... desmimetizándome al instante... Era una imagen grotesca, yo ensartada de lado a lado por mi propia katana sanguinaria, atravesando desde el esternón, cogiendo parte de ambos pulmones y salir por mi espalda casi rozando las vértebras que protegían mi medula espinal...
Sentí cómo la sangre producida por aquella mortal herida comenzaba a encharcar mis pulmones, y rebosaba a través de mi boca, que no era capaz de retener la sangre... Daba gracias que al estar ya muerta, no tuviera que respirar, porque de lo contrario aquello hubiera sido mi perdición... pues hubiera muerto ahogada por mi propia sangre...
Pero no...
Estaba en las últimas, eso sí, agotada, moribunda... y sentía cómo Kuroichi iba absorbiendo mi sangre con ansia... No podía dejar que se la bebiera toda, o entonces sí que podría entrar en letargo... otra vez...
El cazador me lanzó lejos de él, sentí la presión de la katana presionarme una vez más debido a la fuerza que imprimió el cazador sobre ella para lanzarme...
Aterricé sentada de culo en el suelo, comenzando a reír de una manera tal que parecía que hubiera perdido el control... Me sentía realizada... rebosante de éxtasis, pues aquél había sido el mejor combate que había librado en toda mi larga existencia... No le había subestimado... Aquel cazador me había concedido dicho honor, y aunque él se llevara la gloria, podía reunirme con Saphine en paz...
Pero, eso sí, le obsequiaría con un regalo tan especial que seguramente nunca me olvidaría... El momento había llegado... Él había hecho posible que así fuera... Pues hasta ahora ninguna criatura me había llegado a poner en tal tesitura y las condiciones no habían sido favorables para ello... Pero... “Ahora sí... el momento ha llegado... le mostraré mi Último recurso...”
Todo esto había transcurrido en un efímero instante... Dicen, que cuando vas a morir, toda tu vida pasa a cámara lenta por delante de tus ojos...
Antes de que Kuroichi pudiera seguir absorbiendo mi sangre, mi propia sangre la lanzó fuera de mí, volteándola en el aire una vez fuera de manera que ahora apuntara hacia el cazador, seguida de una estela doble de sangre que transportaba toda mi sangre restante, trazando una trayectoria en espiral, entrelazándose armoniosamente entre sí –como si dos enamorados jugaran a perseguirse el uno al otro e hicieran ademán de atraparse y abrazarse...
Veía a mi madre cuando aún vivía siendo yo muy pequeña... A Mater, mi sire, cuando la conocí... El sublime momento de mi abrazo... A mi hermano vampiro mayor, Lestat... A Lucía, mi pequeña princesa... A Dean, la única persona en todo Yggdrasil que había sido capaz de robar mi corazón –algo irónico, pues se trataba de un licántropo–... Y por supuesto, no podía olvidarme de él, de Jace, mi rey y también podría llamar camarada... El momento de la conquista del reino oficial vampírico, juntos y la decepción reflejada en el rostro de Angeline...
La sangre fue enrollándose sobre sí misma compactándose en una gran bola comprimida a lo largo de la trayectoria, tras lo que finalmente explosionó en millones de finas agujas que se propagaron en todas direcciones como si de una gran onda expansiva inesquivable se tratara...
El sabor de un buen combate a manos de William Schcliff, general de los cazadores... el que acabábamos de librar y la sublime sensación de realización que me había producido...
Saludaré a Saphine de tu parte cuando llegue al otro lado, William Schcliff... Ha sido todo un honor librar este combate contra ti... –Aquellas fueron las palabras que pude proferir con mi último aliento...
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Mar Abr 09, 2013 4:30 pm

El combate llegaba a su término, pues la vampiresa apenas podía mantener la compostura, tirada en el suelo, como si de un trapo se tratara. Sin embargo, su aura comenzó a incrementarse peligrosamente, lo que me llevó a adoptar una tensa postura. Aún quedaba su último ataque.

Y así, sin previo aviso, la espada salió disparada de su herida entre una espiral de sangre.

- ¡Sebastian atrás! - bramé a mi mascota, que se situo rauda a mi espalda.

Al mismo tiempo, tomé con las dos manos mi guadaña para comenzar a girarla de manera que se creara una especie de escudo. Pronunciando un gran grito de guerra logré desviar el mortal proyectil que cayó al suelo violentamente, pero debido a esto la explosión de agujas de la espiral de sangre me dio de lleno. Numerosas heridas sangrantes aparecieron por todo mi cuerpo, produciéndome severos daños. Por suerte, Sebastian se había ocultado tras de mí a tiempo y no había sufrido el cruel desenlace.

Posiblemente aquellas heridas eran las más graves que había sufrido en mucho tiempo, pero dado mi arduo entrenamiento, no sería suficiente para acabar conmigo. Sin embargo... Ahora sí que era el fin de la vampiresa. Me acerqué tambaleante hacia su cuerpo inconsciente tras pronunciar sus palabras, con una amplísima sonrisa psicótica y terrorífica en mi rostro. Un pequeño regero de sangre iba formándose a mi paso.

- Un encantador combate... Katerina... - comencé a susurrar al tiempo que la mueca de mis labios se iba pronunciando cada vez más y más - Pero llegó la hora de morir... - pronuncié en un tono absurdamente solemne para la situación.

La risa maníaca se apoderó de mí al tiempo que con la guadaña arrancaba sin miramientos el ala derecha de la mujer. Posiblemente ya no sintiera aquello, pero se trataba de mi trofeo... Justo después me vinieron a la mente diversos pensamientos, recuerdos, memorias sobre Caeli, y fue en ese preciso instante cuando introduje violentamente mi mano en su cavidad torácica para arrancar de cuajo su corazón rebosante de sangre aún fresca.

Sebastian se acercó lentamente y tomó con su boca la extremidad cercenada para llevársela. Acto seguido mi aura oscura fue apagándose al mismo tiempo que mi mascota y yo desaparecíamos del lugar, dejando aquel rastro de muerte que impregnaría el templo para siempre...

Y hasta ahí llegó la vida de la mujer vampiresa, arrebatada por la propia Saphine, a manos de una de sus más fieles armas: el Cazador William Schcliff.

OFF:
DEP Katerina Vandzant.
Me voy aquí
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MensajeTema: Re: La petición del Heraldo [Katerina y William Schcliff]   Mar Abr 09, 2013 4:42 pm

Me encontraba de pie junto a mi cuerpo ya sin vida, observando la escena como si de una mera espectadora se tratase. Fantasmalmente, sonreí al cazador, a pesar de haberme cercenado un ala y haberme arrancado el corazón.
Me sentía completa y realizada, por lo que podía marchar en paz.
Saphine se encontraba a mi lado, había venido ella misma en persona a recogerme...
Vamos, pequeña... Te mereces un descanso. Te lo has ganado.
Me aferré a la mano que me tendía, incorporándome, y la seguí hacia el portal rojizo que había frente a nosotras –justo donde debía hallarse su estatua–, que se cerró tras nosotras sin dejar rastro.
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